lunes 26 de febrero de 2007

«Es gitana, es una sucia, es lo peor»

Las asociaciones romaníes denuncian la discriminación que sufre este colectivo en Asturias, formado por unas 10.000 personas, y ponen ocho ejemplos de marginación
Oviedo¿Le molestaría tener como vecino a un gitano? Cuatro de cada diez españoles reconocen que sí. O así lo recogió, al menos, el Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de noviembre de 2005, que constató que la comunidad gitana continúa siendo el grupo social más rechazado de España: «A uno de cada cuatro españoles no le gustaría que sus hijos estuvieran en la misma clase que niños de familias gitanas». La minoría étnica mayoritaria en el Principado, donde viven entre 10.000 y 12.000 gitanos -aproximadamente un dos por ciento de la población asturiana-, también es la más discriminada. Según un estudio del grupo de investigación psicosocial de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, realizado en colaboración con el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad en Asturias y la Consejería de Vivienda, los jóvenes asturianos presentan un alto nivel de prejuicios hacia el colectivo de inmigrantes y las personas de etnia gitana residentes en el Principado, sin que se observe un cambio en las actitudes xenófobas respecto a las de generaciones precedentes. Además, los gitanos despiertan reacciones negativas «manifiestamente superiores» a las que surgen con relación a los grupos de extranjeros. La Fundación Secretariado Gitano es clara al respecto: aunque en los últimos años se ha producido una sensible mejora en sus condiciones de vida, propiciada por el acceso de los gitanos a los sistemas de protección social, a la vivienda pública y a los sistemas de salud y educación, «la población gitana continúa constituyendo uno de los grupos más vulnerables y, en términos generales, son de los ciudadanos asturianos más excluidos social y económicamente». Sólo en 2006, la Fundación constató ocho casos en los que se demostró que existieron prácticas discriminatorias en el Principado. Éstas son algunas de las caras de la exclusión que han sido recogidas en el informe «Discriminación y comunidad gitana 2006». lPravia. Durante el Pleno celebrado en el Ayuntamiento para tratar el realojamiento de tres familias gitanas, dos concejales afirman en sus intervenciones que el colectivo gitano «siempre se queja de que es maltratado, de que está discriminado», cuando, aseguran, «ellos, donde están a gusto, es fuera de los pisos». «No les gusta vivir en pisos, a la mayoría, porque no se saben adaptar, no guardan las normas de convivenciaÉ» y «se quejan de que no tienen dinero; pero sus vehículos todos los vemos, creo que no los regalan en una tómbola». lGozón. La Fundación Secretariado Gitano suscribe un convenio de colaboración con el Ayuntamiento para la promoción e inserción social de la comunidad gitana del municipio. Se trata, dice la Fundación, «de un trabajo integral que implica la puesta en marcha de medidas de erradicación del chabolismo para luego incluirlas dentro de un plan municipal que nunca llega a aprobarse por desinterés político, a pesar de la presión de la Fundación para que se cumplieran los compromisos acordados». El plan de erradicación del chabolismo, recuerdan, «es una experiencia de buenas prácticas en el III Plan nacional de acción para la inclusión social del Reino de España 2005-2006». lOviedo. En abril, con motivo de la puesta en marcha del programa de acciones de conciliación, dirigido a mujeres gitanas con cargas familiares, la Fundación Secretariado Gitano se pone en contacto con una ludoteca para obtener información sobre horarios y presupuesto. El responsable de la ludoteca asegura, cuenta esta asociación, que el grupo de las mañanas está casi completo y no ve factible incluir a niños de una «clase social» diferente. Tras la insistencia de la Fundación, el propietario reconoce finalmente que lleva poco tiempo en el negocio y teme que el resto de los niños deje de asistir. Finalmente propone como alternativa el horario de tarde, en el que cuenta con menos clientes. lAvilés. Con motivo de la fiesta de fin de curso de un colegio de Avilés celebrada en mayo, se realiza un acto público para hacer entrega de la orla de la clase, en la que aparecen todos menos el único gitano del aula, ya que sus padres no han podido pagar la cuota establecida. El padre de uno de sus compañeros intenta convencer a la profesora y al resto de familias para que paguen la cuota del alumno con el dinero sobrante del material escolar, pero no se tiene en cuenta su propuesta, a pesar de que en otras ocasiones sí se han concedido ayudas similares a alumnos no gitanos. lGijón.Julio. Un usuario de la Fundación solicita en la Dirección General de Tráfico los documentos de baja de varios vehículos vendidos años atrás, para lo que, según le informan, necesita como requisito imprescindible presentar la documentación acreditativa de su propiedad. Otro trabajador de la Fundación llama por teléfono exponiendo la misma situación, pero la DGT responde que sólo necesita rellenaruna hoja de solicitud. La FSG escribe una carta de reclamación y mantiene una reunión con el director de la entidad, que pide disculpas por lo sucedido. lAvilés. Septiembre. La Fundación pacta una formación de 250 horas con el gerente de una chapistería para siete beneficiarios gitanos. El día de la presentación del curso, cuando conoce a los alumnos, el gerente se muestra desconfiado y deja entrever que pueden causarle algún tipo de problema social y personal con el resto de trabajadores. Finalmente, aun a pesar de los esfuerzos de la FSG, decide no llevar a cabo el módulo formativo. lLlanes. Un hombre gitano se interesa por un anuncio de alquiler de un piso y contacta con su propietaria, quien, tras conocer su origen étnico, le comunica que no le va a alquilar el piso porque no quiere gitanos, y que es ella la que decide. La víctima acude al Ayuntamiento y solicita una entrevista con la Alcaldesa, pero nunca es recibida.